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¡UN 2010 DE ÉXITO Y BENDICIÓN!

 

Cuando nos aproximamos al fin de un año, frenamos el ritmo enloquecedor, ponemos punto muerto, paramos y solemos mirar en dos direcciones; una mirada va hacia atrás, es reflexiva, genera una sensación de impotencia ya que no podemos cambiar nada. Sólo sirve para evaluar, buscar repetir y potenciar nuestros aciertos y corregir o evitar los errores cometidos. La otra mirada va hacia adelante, el futuro, el año que tenemos que enfrentar, las páginas de nuestra historia que todavía no han sido escritas y queremos que se escriban sin manchas, sin borrones, sin heridas, sin dolores, sin acciones de las cuales no podamos enorgullecernos. Todo Año Nuevo crea muchas expectativas de cambio, de mejoramiento, tenemos la ilusión como que todo va a salir bien.

¿De qué o de quién dependen estos cambios? ¿Qué factores pueden determinar que el próximo año sea mejor? Debemos reconocer que hay cosas que nos agradarían que cambien pero no dependen exclusivamente de nosotros.

Cómo nos gustaría que 2010 sea un año donde: todos podamos vivir en armonía y en paz; que los índices de desocupación sean aniquilados; que la justicia siempre triunfe para no tener la sensación que el corrupto e impune gana; que cada ciudadano pueda levantar la bandera de la honestidad e integridad; que podamos parar los altos porcentajes de violencia, robos en la sociedad; que se logre frenar el avance avasallador de la droga que está destruyendo nuestros jóvenes. ¡Qué bueno sería que todas estas cosas y aún otras más puedan cambiar para que 2010 sea un año maravilloso! Lo cierto es que son buenos deseos, pero no tenemos el poder para que ocurran estos milagros.

Afortunadamente hay cambios que dependen exclusivamente de usted y sí pueden hacer que su 2010 sea mucho mejor que el año que estamos dejando. El próximo año será mejor que el anterior solamente si estamos dispuestos a tener en cuenta algunos consejos prácticos que Dios nos da a través de Su Palabra.

1.- No arrastre los resentimientos del año anterior.

“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Rom. 12.18)

Probablemente durante el año que pasó fuimos heridos, ofendidos, nos agredieron, nos sentimos despreciados, calumniados, etc. y todo esto nos lastimó; sufrimos en nuestro corazón, mucho más si procedió de un ser querido o de alguien que no esperábamos una actitud así. Este dolor fue produciendo sentimientos negativos, una raíz de amargura.

Si queremos tener un año mejor, no arrastremos los resentimientos del pasado. El tiempo no cicatriza las heridas del corazón, las cubre y las infecta. Con el correr del tiempo esa raíz de amargura se va transformando en rencor, luego crece y se torna en odio, para terminar produciendo el fruto de la venganza. Comience el año perdonando o pidiendo perdón. Ponga todo a cuenta, arregle todo, lo grande y doloroso, pero también lo pequeño e insignificante, las grandes discusiones que generaron  distanciamientos y también los malos entendidos. No comience el año esclavizado por los resentimientos. Comience el año liberado, en paz con todos los demás. Y aunque parezca algo difícil y hasta imposible, recuerde: “Todo lo puedo en Cristo que me Fortalece”.

Puedo perdonar, amar, bendecir al que me hizo sufrir, porque Cristo me da las fuerzas. Es tiempo de reconciliación. Haga esa llamada a su amigo, pariente, a aquel que lo hirió y perdone.

2.- Dé prioridad a las cosas espirituales.

“Busca primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas te serán añadidas”. (Mat. 6.33)

Es interesante notar que el pasaje bíblico nos habla de que Dios sabe qué cosas materiales necesitamos para vivir una vida digna. No obstante, nos desafía a no desesperarnos al punto tal de cambiar nuestro orden de prioridades en la vida. Quizás no le fue muy bien en lo material durante el año que pasó porque no buscó en primer lugar el reino de Dios. Jesús dice: -“Busquen en primer lugar las cosas de Dios, vivir con justicia en medio de un mundo injusto, con honestidad, honradez, hagan la voluntad de Dios obedeciendo su Palabra, y El les dará todo lo necesario para vivir”.

3.- Renueve su pacto de compromiso con Jesucristo.

Si aún no ha entregado su vida al Señor Jesucristo por la fe, quiero decirle que sin Cristo cada año será peor que el anterior. La decisión más sabia e importante de su vida es aceptar a Jesús como el Salvador y Señor. Comenzará a disfrutar una paz especial, paz consigo mismo, con los hombres y con Dios. Sus pecados y errores serán perdonados y borrados, su presente será victorioso y su futuro glorioso. Dios promete una nueva vida y vida abundante para los que estén en Cristo. Y si usted ya es cristiano pero su vida está debilitándose en la fe, renueve su pacto de consagración para con Dios. Comience el año firme de la mano del Señor.

 

¡Que tenga un Año Nuevo al 100 % con Jesucristo en su corazón!

 

Pastor Rubén Kassabián

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