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Aborto, tengo derecho a matar? (1)

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ABORTO: ¿TENGO DERECHO A MATAR? (2)

 

¿Tengo derecho a abortar?...

“Cada mujer tiene derecho de decidir qué hacer con su propio cuerpo”. Este es el gran argumento que esgrimen algunas mujeres para justificar su decisión de liberarse del niño que están gestando en su vientre.

No es lo mismo extirparse el apéndice, cortase las uñas, etc., que poner fin a un embarazo. El feto es un ser perfectamente individualizado. A los 21 días late su corazón, no es una masa deforme de células ¡Es una vida! Por lo tanto, no es parte del cuerpo de la mujer; es un cuerpo muy pequeño dentro del cuerpo de su madre y eso no le da derecho a decidir si le permite que siga viviendo o no. En el momento de la concepción ya es una persona. ¿Cuál es la diferencia entre un feto y un niño recién nacido? Es cuestión de tiempo, crecimiento, madurez y no de esencia.

¿Qué métodos se usan para practicar un aborto?...

1.- Si una mujer está en su primer mes de embarazo, se usará una máquina de succión, como una aspiradora, que destrozará en pedazos y se chupará al bebé. Esto puede dañar, mediante perforaciones, la matriz de la madre con sangrado y hasta posible infección.

2.- Hay otro método quirúrgico que se llama “dilatación y evacuación”. Se usan unas tenazas muy filosas llamadas “fórceps”. Se introducen en la matriz hasta que tocan al bebé. Con ella cortan en pedazos al pequeño ser vivo; le parten los huesos en formación. Una y otra vez van sacando, como si fuera una carnicería, los pedazos molidos de carne, órganos y miembros del niño. En caso que la cabeza del bebé sea demasiado grande, habrá que romperle los huesos del cráneo y aplastarla, para poder sacarla.

3.- El último método se lo voy a describir con una historia...

“Oigo mucho ruido afuera. Mi mamá está muy agitada. Al parecer está acostada boca arriba. Yo estoy muy cómoda. Alguien dijo algo de anestesia. No sé ni que es ni para que se usa. Ahora mi mamá parece que duerme, está muy relajada.

“Oh, ¿qué es eso? ¿Una aguja? ¡Qué grande que es! ¿Qué habrá pasado con mi linda mamita? ¿Por qué el doctor la está inyectando? ¿Tendré yo la culpa de que ella se haya enfermado? ¡Ay! Si pudiera acariciarla con mis pequeñas y tiernas manitas, le diría: ‘Ya, ya mamá, no sufras, yo sé que te vas a curar pronto…’

“Pero, ¿qué pasa? Parece que la inyección que le pusieron a mi mami me está afectando también a mí. Siento algo raro en mi cuerpo, como una picazón, hay un escozor en mi piel. Este líquido donde yo nadaba y que era como un paraíso para mí se está volviendo de sabor amargo, muy salado. Mis ojitos están llorando, me arden mucho. Siento como si se fueran a salir de sus órbitas. Tengo una sensación muy fea en la yema de mis dedos, como cosquillas, pero con dolor. Yo pienso que a mi mamá le inyectaron algo malo. ¡Pobre mami, seguro que a ella también le está doliendo! Pero anímate mamá, las dos vamos a salir bien de este trance.

“Siento que me estoy ahogando. Mi estómago me duele mucho. Es como si me estuviera deshaciendo por dentro. ¡Por favor, mamá, ayúdame! Ya no soporto este dolor tan intenso. Pareciera como si mis pequeños órganos internos se estuvieran cocinando por dentro…

“¡Mami, mami! Tengo mucho calor, me falta oxígeno. Parece que tu sangre ya no me da lo que necesito. ¡Mami, por favor ayúdame, yo no me quiero morir! Yo quiero nacer, quiero ver tu cara, ver tu sonrisa cuando me veas por primera vez. Quiero ser arrullada por tus brazos... ¿Te acuerdas cuando me hablabas de la ropita linda que me ibas a comprar, de que me enseñarías a jugar con las muñecas? ¿Y que cuando yo creciera las dos íbamos a usar ropa parecida? ¿Qué te sentirías muy orgullosa de mí cuando fuera mi primer día de escuela? ¿Y qué de los planes que hicimos para celebrar mis quince años? Pero ahora siento como si mi vida se estuviera escurriendo de mi pecho. Mami, ¿Me sientes? Estoy estirando mis manitas para tocarte; te estoy empujando la pared de la matriz para pedirte auxilio... para que hagas algo y me ayudes...

“Un escalofrío tremendo acaba de sacudir todo mi cuerpo. Estoy temblando. Ya no tengo control sobre mis miembros: tiemblan, saltan, se estremecen y me dan calambres. Alguien acaba de decir allí afuera que yo me estoy resistiendo, que no me quiero morir. ¿Es que acaso no me quieren y me están matando? ¿Qué fue lo que hice de malo? ¡No! ¡No es posible! Mamá, ¿tú también estás participando con mi muerte aún antes que nazca? Mamá, por favor contéstame... ¿verdad que tú no...? ¿Verdad que tú me vas a defender? ¡Mamá querida, no me mates por favor!

“Me siento muy débil. Ya no tengo ninguna sensación en mi cuerpo. Todo está borroso. No oigo nada. Mamá no me contestó...

“Pero si es lo que me parece, yo quiero mamá que sepas que te perdono. No sé por qué lo haces. Todavía no conozco tu mundo, y no lo voy a conocer nunca. Ya no tengo ninguna fuerza para seguir luchando por mi vida. Pero te amo, te perdono y te espero en la casa grande de mi Padre Celestial... ¡Adiós, mamá! Te ama tu hijita que no dejaste nacer…”

(continuará)

 

¡Vivamos una vida al 100%!

 

Pastor Rubén Kassabián

 

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