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ALERTA MORAL

No sabía si reír o llorar.

A principios de año, mientras trataba de disfrutar unas cortas pero agradables vacaciones, cometí el “error” de leer el periódico…

Me llamó la atención, aunque no me sorprendió, un artículo que se titulaba así: “Muchas denuncias, pocos procesados y ningún culpable”. Pensé: “esto no es ninguna novedad, lamentablemente…”

Pero seguí leyendo: “En tres años, la Oficina Anticorrupción radicó 667 denuncias y logró el procesamiento de 71 funcionarios. Pero un solo caso llegó a juicio… ¡y el acusado fue absuelto!”

No podía creer lo que estaba leyendo. ¡Tantos casos de corrupción pero ningún responsable preso! La curiosidad me ganó y seguí avanzando en mi lectura. “El único caso que llegó a juicio de los denunciados por la Oficina Anticorrupción se dio en la Inspección General de Justicia. Se trata de un ex jefe de compras procesado por exacciones ilegales. Sin embargo, aunque el hecho fue probado, el acusado fue absuelto por una cuestión semántica. La Ley en ese momento hablaba de “exigencia” de dinero (coima) y no de “solicitud”, como figura ahora en el texto de la Ley de Ética Pública. Es decir, se probó que “solicitó” plata (coima) pero no que la haya “exigido””.

¡No sabía si reír o llorar!

Aunque “mal de muchos consuelo de tontos”, pareciera que la corrupción no es patrimonio exclusivo de los argentinos.

Según el resultado de una reciente encuesta en los Estados Unidos de América, publicada en el prestigioso periódico “The Boston Globe”, el 75 % de todos los estudiantes de institutos y el 50 % de todos los universitarios admitían copiarse en sus exámenes. La encuesta especifica el porcentaje por facultades, por ejemplo: el 63 % entre los futuros abogados, 66 % entre los futuros funcionarios de la administración pública, 68 % de los futuros médicos,  71 % entre los futuros ingenieros, y el 76 % entre los futuros directivos de empresa.

Otra encuesta revela que los robos perpetuados por adolescentes crecen a diario. El 42 % de los chicos y el 31 % de las chicas encuestados admitieron haber robado algo durante el año.

Por otra parte, la Association of Certifield Fraud Examiners informó que en las empresas americanas el fraude anual perpetrado por sus propios empleados es de 435.000 millones de dólares. Esta cantidad supone el 6 % de los ingresos de las empresas y tres veces el porcentaje del fraude estimado en los años ‘60. Investigaciones recientes reparten el fraude de la siguiente forma: 100.000 millones de dólares anuales en el ámbito de la salud, 5.000 millones de dólares en indemnizaciones fraudulentas a trabajadores y 100.000 millones de dólares en fraude fiscal. Además, se descubrió que el 47 % de los ejecutivos y el 76 % de los licenciados universitarios de Ciencias Empresariales cometerían fraude si se les presentara la ocasión.

Es obvio que a nivel internacional nos hallamos en un estado de “alerta moral” y que todos debemos hacer algo al respecto… ¡de inmediato! (y no sólo en lo relacionado al dinero, sino en todos los ámbitos de las relaciones interpersonales). Cada día más personas se lamentan por el desmoronamiento ético que perciben en el mundo actual, desde las trampas perpetradas en los despachos gubernamentales hasta la corrupción generalizada que se percibe en todos los ámbitos de la vida cotidiana. Todos queremos que se restablezca la conducta moral, pero no siempre se predica con el ejemplo.

Por ello, creo que es un tiempo propicio para volver a Dios. ¡No tenemos otra alternativa! Todos coincidimos que el problema más grave que tiene el ser humano, la sociedad, el país, es un problema moral-espiritual. La única solución genuina, de base, es arrepentirnos por haber dejado a Dios de lado y volver a Él. ¿Qué haremos?

¡Vivamos una vida al 100%!

 

Pastor Rubén Kassabián

 

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