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¡Argentina!: ¿cuándo despegamos?

Las sierras cordobesas estaban radiantes. En medio del descanso – cuando uno está disfrutando de las vacaciones y lo que menos quiere es pensar en cosas que pueden amargarle el corazón o generarle un sentido de impotencia por no poder cambiar las cosas que van mal – mi padre me acercó un artículo de reflexión. Lo leí con interés, me gustó y quiero compartirlo con usted para que podamos reflexionar juntos acerca del por qué estamos como estamos en la Argentina:

“La diferencia entre los países pobres y los ricos no es la antigüedad del país. Lo demuestran casos de países como la India y Egipto, que tienen miles de años de antigüedad y son pobres. En cambio, Australia y Nueva Zelanda, que hace alrededor de 150 años eran desconocidos, son hoy en día países desarrollados y ricos.

“La diferencia entre países pobres y ricos tampoco son los recursos naturales con que cuentan. Tal es la situación de Japón, que tiene un territorio muy pequeño, el 80% es montañoso y no apto para la agricultura y ganadería. Sin embargo es una de las principales potencias económicas mundiales, pues su territorio es como una inmensa “fábrica flotante” que recibe materiales de todo el mundo y los exporta transformados – también a todo el mundo – generándole riqueza.

“Por otro lado está Suiza, que no tiene océano pero posee una de las flotas navieras más grande del mundo. No tiene cacao pero produce el mejor chocolate del mundo. En sus pocos kilómetros cuadrados pastorea y cultiva sólo cuatro meses al año (ya que el resto del tiempo el clima es invernal), pero tiene los productos lácteos de mejor calidad de toda Europa. No tiene recursos naturales, pero da y exporta servicios con calidad difícilmente superable. Es un país pequeño que ha vendido una imagen de seguridad, orden y trabajo.

“Y tampoco la inteligencia de las personas es la causa de la diferencia, como lo demuestran estudiantes de países pobres que emigran a los países ricos y logran resultados excelentes en su educación. Otro ejemplo son los ejecutivos de países ricos que visitan nuestras fábricas y al hablar con ellos nos damos cuenta de que no hay diferencia intelectual.

“¿Qué será entonces lo que hace la diferencia para que un país crezca y prospere?

“LA ACTITUD DE LAS PERSONAS HACE LA DIFERENCIA. Al estudiar la conducta de las personas en aquellos países mencionados más arriba se descubre que gran parte de la población sigue las siguientes reglas de vida:

1.- La buena moral como principio básico de conducta.
2.- El orden y la limpieza.
3.- La honradez.
4.- La puntualidad.
5.- La responsabilidad.
6.- El deseo de superación.
7.- El respeto de la ley y los reglamentos.
8.- El respeto por el derecho de los demás.
9.- Su amor al trabajo.
10.- Su afán por el ahorro y la inversión.

“¿Necesitamos más leyes? ¿No sería suficiente con cumplir y hacer cumplir estas diez simples reglas? Con tristeza debemos admitir que en la mayoría de nuestros países latinoamericanos sólo una mínima parte de los habitantes sigue esos lineamientos en su conducta cotidiana.

“En la Argentina no somos pobres porque a nuestro país le falten riquezas naturales o porque la naturaleza haya sido cruel con nosotros. Simplemente nos falta carácter para cumplir estas premisas básicas que nos ayudarán a desterrar de nuestra cultura la coima, el acomodo, la impunidad, la corrupción, la discriminación, los discursos huecos, las mentiras, etc.”

Me pareció muy interesante recordar estas palabras hoy, lunes 25 de mayo, ocasión en la que celebramos el 199º Aniversario de la Revolución de Mayo, camino hacia el Bicentenario de nuestra nación.

Creo de manera firme que la Argentina sólo será capaz de “despegar” cuando todos y todas dejemos de darle la espalda a Dios y comencemos a vivir dignamente, considerando sobre todas nuestras prácticas la obediencia a los principios que nos enseña la Biblia.

¡Vivamos una vida al 100%!

 

Pastor Rubén Kassabián

 

 

 

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