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NAVIDAD: ¿TIENE LUGAR PARA JESÚS?

 

Hace años, cuando la vida era mucho más tranquila que ahora, cuando la gente tenía menos computadoras y máquinas y más libertad para pensar y disfrutar de las cosas sencillas, la Noche Buena era una ocasión especial, un momento profundamente anhelado.

Era la época de cantar los villancicos tradicionales, para visitar la Iglesia y para sentirse muy cerca de los seres queridos. Si había adornos, eran cositas hechas a mano o compradas por unas pocas monedas. Un regalo venía como sorpresa, no como una obligación social. Pero para la mayoría, la Noche Buena ha cambiado. Todavía significa fiesta y música, pero ahora es mucho más complicada. Exige un gasto de dinero más allá de lo prudente, los adornos son de fábrica, y la música junto con la bebida generan una emoción que llega a los niveles del frenesí, no queda tiempo para pensar, y las canciones tradicionales parecen fuera de lugar.

Uno creería que la época de Navidad moderna, debido al progreso, es más feliz y llena de satisfacciones, pero lamentablemente, para muchas personas es todo lo contrario. Es la época más triste del año. Un tiempo de melancolía, depresión y hasta suicidio. ¿Cómo puede ser que el mensaje del coro de ángeles de paz y buena voluntad entre los hombres se haya tornado en tristeza, enfermedad y muerte? ¿Por qué, a pesar de recibir regalos, y algunos costosos, no se encuentra la felicidad? ¿Porqué estamos festejando, cuál es el sentido central de esta fiesta? ¿Qué está faltando en la Navidad que produzca el deseo de festejar más allá de la fiesta en sí? El que falta es el Anfitrión: Jesús.

Hace dos mil años, dice la Biblia que no había lugar para que naciera Jesús; todas las posadas, todas las casas estaban completas. Jesús, el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, el que cambió la historia andaba por la ciudad de Belén y no tenía un lugar para nacer.

Si en esta Navidad Jesús pasara en persona por su casa, ¿lo invitaría a entrar? El primer impulso es contestar que sí, por supuesto. Pero cuando lo pensamos con sinceridad, la idea comienza a producirnos algo de terror. Nos perturba la posibilidad de que Él nos conozca a fondo. Que sepa la realidad e intimidad de nuestra vida, no lo que mostramos o aparentamos.

Tener a Jesús en la casa nos daría vergüenza si descubre las revistas y videos que tenemos escondidos, si se sienta junto a nosotros para ver el programa de TV que nos gusta, si escucha como tratamos a nuestra esposa, o si ve cómo le mentimos a nuestro esposo. Seamos sinceros ¿Qué respuesta le daríamos si Él nos ofreciera visitarnos? No es muy simpático, pero lo más seguro sería: -“Jesús, no tenemos nada en tu contra, pero esta vez no podemos recibirte”.

La verdad es que en esta Navidad Jesús quiere visitarlo, no sólo para que usted pase una fiesta feliz y con sentido, sino para quedarse para siempre en su vida. Ya ha probado muchas cosas con el fin de ser feliz, pero todo falló, la angustia sigue, los problemas se agigantan, la familia se desmorona, el dolor no cesa. ¡Pruebe con Jesús! Él puede darle Vida y Vida en abundancia. Sólo tiene que abrir su corazón y pedirle que lo perdone, que lo fortalezca y sea el Dueño de su vida. ¡Con Jesús todo cambia para bien!

¡Que tenga una Navidad al 100 % con Jesucristo en su corazón!

 

Pastor Rubén Kassabián

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