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Cuando lo urgente derrota a lo importante

“No fue mi intención olvidar a Dios”.

Éste será el lamento de multitudes algún día, cuando ya sea tarde para rectificar el error. No habrán estado en contra de Dios y nunca se habrán burlado de Jesús. Será gente buena y responsable. Es la gente que ahora se encuentra con la urgencia de ganarse el pan, cuidar a los hijos, terminar de pagar las cuotas de la casa, buscar una cierta estabilidad que les permita vivir tranquilos y sin sobresaltos. ¡Todas cosas buenas!

Nunca decidieron no seguir a Dios; siempre desearon encontrar el tiempo y la oportunidad propicia para acercarse a Él porque saben que es fundamental para vivir bien. Pero lo urgente domina la escena de sus vidas, y  lo importante sigue postergándose, tal vez, hasta que ya sea tarde.

El error de esta gente habrá sido pensar que su vida cotidiana no tiene relación con la trascendencia de Dios. Creen que Dios no se interesa por los detalles del hogar, del trabajo y que uno tiene que resolver sus problemas de conducta personal antes de acercarse a Él.

La verdad es que cumplir con los deberes diarios no se opone a tener una buena relación con Dios. Son cosas que pueden realizarse simultáneamente. Dios quiere convivir dentro del cuadro de su trabajo, de su sufrimiento, de sus problemas y aún con sus defectos personales. Dios está profundamente interesado en los detalles más mínimos de su vida; lo único que impide que no se ponga a nuestro lado en los deberes y el trajinar de nuestra vida es que le cerramos la puerta.

Lo urgente en nuestra vida es un concepto muy relativo. Debemos lograr la correcta relación entre lo urgente y lo importante. Lo importante debe dominar la escena. Lo urgente se puede volver en un tirano que domina la vida. Sin embargo, hay personas que se dieron cuenta y lograron reordenar sus valores librándose así de esta tiranía. Han descubierto que Dios no es una responsabilidad, sino una necesidad y una orientación de vida.

Es un error pensar que debemos dejar totalmente nuestros deberes diarios para ser religiosos, ni tampoco es concederle a Dios una determinada proporción de nuestro tiempo. El secreto está en que Jesús comience a ser el centro de todo, del trabajo, de los estudios, de todas nuestras obligaciones. Es una relación de amistad con el que se entregó incondicionalmente por la humanidad, dando su vida para que nosotros podamos disfrutar una vida abundante.

¿Lo urgente le está permitiendo disfrutar de la vida plenamente?

Si quiere ser feliz, ¡revitalice su relación y comunión con Dios a través de Jesús! Búsquelo de corazón. Permítale que intervenga en su historia y la cambie. Entréguele sus cargas, debilidades, pecados y angustias. No siga intentándolo sólo, porque las fuerzas se acaban, el dolor es grande y los brazos se caen. ¡Dios quiere ayudarlo!

Por todo esto, no deje que las urgencias de la vida derroten lo más importante que puede tener: ¡Dios en su vida hoy!

¡Vivamos una vida al 100%!

 

Pastor Rubén Kassabián

 

 

 

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